Hola! Bueno, aqui un minific que ocupa en documento 10 paginas xD
Lo hice par un concursillo par ala clase, pero al final no fue enviado..pero bueno..aqui os lo dejos de todos modos. xD
Es un poco cansino del tiron..pero no le puedo hacer nada xDDDDDDDDD
Kizuuuu <3
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Era una noche fría de invierno. El viento removía todas las hojas caídas por el pasado otoño. Ella estaba encerrada en su cuarto, de un pequeño pero hogareño pueblo situado en las afueras de la ciudad de Madrid, sumergida en sus libros de texto, a los que tanto amaba. Ella era muy pesimista y un poco apagada. Era morena y de estatura aparentemente normal, tenía unos grandes y lujosos ojos verdes, que todos admiraban, pero desafortunadamente… todo le iba mal, y nada podía hacer revivir ese vacío que tenía en su interior, excepto mirar a las estrellas, intentando pensar que vivía en ellas, donde quizás se sentiría feliz y un poco más protegida, cosa que no terminaba de lograr, con tantas lágrimas que había soltado en solo 3 meses, en las que le había pasado de todo: su relación con sus amigas ya no era lo mismo por situaciones que ella no acababa de entender, su padre…, su madre, dejaron de confiar en ella por acciones mal hechas que estos no aprobaron y su novio la dejó hacía 3 semanas, con el que llevaba 3 años y 5 meses de una romántica relación pero llena de problemas que le dejaron marcas para toda la vida, las cuales serían difíciles pero no imposibles de llenar con otros sentimientos o quizá con el amor de otra persona.
Ella se sentía culpable de todo aquello que pasó anteriormente y se echó a llorar. En aquel momento era el ser más vulnerable y frágil que habitaba en La Tierra. Necesitaba huir…alejarse de la realidad aunque solo fuera unos míseros instantes…
Sin dudarlo, cogió su abrigo de pana y una pitillera con varios cigarrillos y decidió salir a dar un paseo por el oscuro pero libre paseo del parque de su pequeña barriada, de una forma silenciosa para no despertar a sus padres, recientemente dormidos.
Al bajar las escaleras y abrir su gran puerta de madera maciza, una enorme bocanada de viento la llenó de libertad, cosa que hace varios días no había podido conseguir.
Ella comenzó a andar un poco preocupada por sus problemas sin saber hacia donde se dirigían sus pies, pero ahora, en esos momentos, solo le importaba alejarse de la realidad y vivir un mundo de dibujos...en la que todo resultaba ser sencillo…, y encontrar ese “intenso” sentimiento que la llenara de felicidad.
Seguidamente se paró en un banco rodeado de una gran fuente vieja y sucia y un par de montones de hojas en la que varios insectos intentaban escapar del intenso viento.
Ella abrió su pitillera y sacó un cigarro, y comenzó a fumar para intentar olvidarse de todos aquellos “temores” y aquellas circunstancias en las que se encontraba.
Sus cabellos se revolvían sin que su frío cuerpo se diera cuenta, pero nada le importaba, excepto intentar ser un ser libre, en otro mundo que no fuese este.
De repente escuchó una tenebrosa pero suave voz que le hablaba a su espalda.
-Perdona, ¿tienes un cigarro?- Preguntó aquella faceta aún no identificada.
Ella se giró y se quedó sin palabras. Era un chico que rondaba sobre la edad de unos 20 años, de un atractivo acento inglés y faceta de niño indemne con unos grandes y perfilados ojos azules que calaban toda aquella mirada que se atreviese a observarlos.
-¿Perdona? No acabé de oírte bien, ¿me puedes repetir tu pregunta?- Dijo ella.
-Claro que si, ¿tienes un cigarrillo?-Repitió el chico, acercándose a ella con confianza.
- Si, toma-Dijo ella acercándole su pitillera rosa con un agradable y fresco olor a fresa.
-Gracias, a estas horas no he encontrado ningún establecimiento abierto que pudiera venderme un miserable paquete de tabaco…además soy nuevo en este pueblo y me siento un poco perdido… ¿te importa?-Dijo el chico señalando el lugar del banco vacío situado al lado de ella, con una gran y bonita sonrisa que recubría todo su rostro.
-No, adelante.-Dijo ella con una voz despreocupada que transmitía a su vez un absurdo pero gran efecto de confianza en su congelado rostro.
En esos momentos, ella dejo de pensar en sus problemas y sin quitarle la vista de encima a aquellos hermosos ojos, le preguntó su nombre sin ningún temor.
-Me llamo Dougie- Dijo el chico curvando una pequeña sonrisa. - ¿y tú? -Siguió diciendo y poniéndose el cigarro en la boca y encendiéndolo.
-Yo…prefiero no decírtelo. Se que no lo vas a entender, es algo absurdo, pero es que desde hace un tiempo mi vida viene siendo un desastre, me han sucedido tantas cosas, prácticamente malas…y me siento tan perdida…tan desconsolada… que ya solo me queda el consuelo de mirar hacia las estrellas y buscar un mundo nuevo, un mundo en el que sentirme feliz y libre…en el que todo sea como yo soñé, ya no se ni quien soy…Tal vez si no te digo mi nombre a ti, que te acabo de conocer, cambie mi suerte y se borren los malos recuerdos de mi pasado…¿Vaya locura verdad?-Dijo ella con una baja moral pensando en que al chico no le importaban ni su miserable y triste vida ni ninguno de sus aburridos comentarios alargados e inútiles.
-No te preocupes, yo a veces me siento como tú…quizás demasiadas veces…es como si no formases parte ni de tu propia vida y te sientes alejado de las personas a las que amas. Es más, me han traicionado recientemente al igual que a ti y siento como si mi existencia no fuese lo bastante como para aunque sea me den un “lo siento” o simplemente un “confío en ti”… creo entenderte claramente… y respecto a lo de tu nombre… ¿Qué te parece si te nombro de nuevo? Dijo el chico con una sonrisa un poco nerviosa pero a la vez dispuesta a ayudar.
-Está bien.- Dijo ella tiernamente dándole una última calada al acabado cigarro.
-Te voy a llamar…Cielo… ¿y sabes porqué? Porque al igual que tú miro al cielo buscando las estrellas y…me siento libre… volando en otro mundo lleno de misterios que solo yo, puedo solucionar. Es el único lugar donde expreso mis sentimientos más ocultos y confío mis secretos.-Dijo Dougie sin dejar que contestara ella.
-Me encanta- Contestó finalmente ella, un poco sonrojada por aquel efecto recíproco de confianza y pensamientos que le hicieron sentir un poco mejor y mejor persona.
Ella por fin consiguió sentirse un poco más feliz, ya que aquel chico, le había hecho sonreír, después de un tiempo sin poder efectuar este acto ya pasado.
- Cielo… ¿que te parece si vamos a un lugar un poco más resguardado del frío?- Dijo Dougie como si conociese a aquella chica de hace bastante tiempo.
Ella sin dudar lo que hacer…acepto la invitación y se fueron los dos caminado por el paseo de aquel oscuro parque sin saber exactamente hacia donde iban.
Ellos se sentían cómodos y por una vez en sus apenadas vidas…felices.
Sin darse cuenta, llegaron a una vieja plaza, llena de un vacío inmenso de parte a parte. Se sentaron de nuevo en un banco, pero este más limpio que el anterior y aún más resguardado del frío y se pusieron a hablar tranquilamente de sus problemas. Ella se sentía como una persona nueva, un poco despreocupada de lo que pudiera llegar a pasar, como si conociera a Dougie de hace más de 20 minutos, pero no sabía el porqué.
Su cuerpo empezó a estremecer, cuando él, Dougie, le retiró un mechón de su pelo alborotado y libre de su congelada cara y empezó a su vez a acercar su boca a la de Cielo más y más. Seguidamente la besó en la boca, siguió por el cuello y volvió a subir hacia la boca. Por segunda vez… Cielo se sentía querida, envuelta en un mágico mundo de colores, pero a la vez extrañada, porque raramente era como si conociera los besos, las caricias…todo acerca de aquel chico, ya no tan desconocido. El la invitó a su casa, ya que sus compañeros de piso, que eran tres jóvenes chicos como él, no se encontraban en ese momento, y esa noche no iban a ir a casa. Ella no pensó en nada y sin pensar ninguna consecuencia ni dudar para nada, aceptó.
Llegaron a casa de Dougie. Era una gran casa, tan grande como un establecimiento público y sin mirar atrás dio un paso junto a Dougie y entró por el portal. Las salas eran inmensas, a ella no le extrañaba que no se perdiera…tantas habitaciones, tantas puertas…nunca había visto aquella casa en su barriada,
¿Tan mal estaba que no sabía lo que ocurría a su alrededor?
Los dos se sentaron en un gran sofá situado en el dormitorio de Dougie y siguieron con las caricias y besos, sin llegar a nada más de lo que se pudieran arrepentir.
Ella se quedó plácidamente dormida en el pecho de Dougie, llena de serenidad.
A la mañana siguiente el sol de la clara mañana entró por las casi abiertas persianas de la habitación abriendo los adormilados ojos de Cielo, y se despertó rodeada de sus libros, en su pequeña y desordenada habitación.
Cuando ella vio el ambiente en el que se situaba pensó que todo había sido un sueño…pero ella aún podía sentir aquellos suaves y fríos dedos de aquel chico y un fuerte olor en su piel y ropa que no era suyo. Cielo se levantó con los ojos prácticamente cerrados y pensando en que si lo que había sucedido había sido un sueño...pero ella solo quería volver a los brazos de aquel chico, Dougie, que solo con sus penetrantes ojos la había cautivado, sumergiéndola en un extraño mundo multicolor que la alejaba de la realidad.
Cielo se levantó y se dirigió hacia su armario, cogió la ropa y fue hacia el vestidor.
Se colocó la ropa adormiladamente mientras apoyaba su tibia mano en una cómoda.
Cuando terminó se dirigió a preparar su maleta para efectuar su trayecto hacia el instituto, con la pereza de dar un último día de clases. Tomó un pequeño brick de zumo y seguidamente salió a la húmeda calle, camino al instituto sin dejar de pensar en el sueño. Ella iba pensando ensimismada sin prestar atención a lo que se encontraba a su alrededor, cuando de repente, una imagen la devolvió de golpe a la realidad. En esa imagen, vio el rostro de un grupo cuyos componentes eran unos chicos atractivos y aparentemente buen grupo, pero no lo reconoció. Este se llamaba McFly y se quedó mirando la faceta de uno de los componentes, ya que le sonaba mucho dicha cara. Sin duda alguna, era el chico con el que soñó, ¡Dougie!
De repente se le hizo un gran nudo en el estomago y se sumergió en un raro efecto de felicidad que llenó cada centímetro de su estremecedor cuerpo en solo un instante.
Minutos después su cuerpo salió d la parálisis que le había provocado aquella sorpresa. Y decidió pensar, para no volverse definitivamente loca, que seguramente, ya que cada mañana hacía el mismo recorrido hasta llegar a clase, habría visto ese anuncio sin prestar demasiada atención, y aquel chico se había colado en su sueño, como tantas veces todos soñamos con cosas extrañas sin razón alguna, introduciéndonos en un extraño e inhabitado entorno en el que nada ni nadie puede interrumpir nuestros más profundos deseos. Así que sin preguntarse nada más, siguió su camino hacia el instituto y entró a sus debidas y aburridas últimas clases.
Después de una larga mañana mirando a la nada, pensando en los ojos que la cautivaron, en el camino hacia casa, recibió una llamada. Era su prima Jazzie, que vivía en Londres y que era una chica normal y corriente que le fascinaba la música y vivir la vida a tope, siendo totalmente pesimista y alegre, es decir, lo que muchos no lograban ser, como Cielo. Esta le explicó a Cielo que iría a pasar la Navidad con ella y su familia, que iría al empezar las vacaciones, para las cuales, afortunadamente quedaban un día; un día bastante largo y aburrido.